(Mensaje de Adviento 2023)

El Tiempo de Adviento es un período del año litúrgico que posee una doble índole: es el tiempo de preparación para Navidad, solemnidad que conmemora la primera venida del Hijo de Dios entre los hombres, y es al mismo tiempo aquel que, debido a esta misma conmemoración o recuerdo, hace que el cristiano dirija su atención a esperar la segunda venida de Cristo como un tiempo de expectación piadosa y alegre.

El Tiempo de Adviento comienza con el primer Domingo de Adviento, que es al mismo tiempo el primer día del año litúrgico 2023, y finaliza antes de la Solemnidad del Nacimiento del Señor, el próximo 25 de diciembre.

Todo el Antiguo Testamento esperaba al Mesías. Lo esperaron los reyes, los sabios, los grandes e importantes, los profetas, los pobres y humildes y quienes no contaban en la sociedad de entonces. Muchos quizá le esperaron en el templo o en la sinagoga, o en los palacios reales o en las charlas de los escribas y doctores de la Ley, o en los líderes políticos o movimientos mesiánicos. Y el Señor les hizo esta jugada: Se ocultó entre analfabetas y animales, que a muchos les parecía casi lo mismo. Y esto sigue sucediéndose después, a través de la historia. ¡A veces pareciera que Dios nos hace bromas…!

Adviento es el Tiempo que el cristiano ha de aprovechar para encontrar a Dios o para sentirlo más cerca.

¿tú dónde vas a esperar a Dios en este Adviento del 2023?

El Señor Jesús puede estar en tu Barrio, en tu Asociación de vecinos con su larga lista de problemas, en el dolor y la angustia y muchas veces la desesperanza del humilde, de tu vecino, en la cárcel u hospital, en el asilo de ancianos o guardería de niños, en las colonias de refugiados o en tu misma casa, en medio de tus problemas, de tus luchas y sinsabores, o en el sitio donde trabajas, o ¿por qué no en tu interior?

Te invito, pues, a que convirtamos este Adviento del 2023 en un buen momento para hacer de “detectives de Dios”, como nos lo señala el profeta Isaías: “Busquen al Señor mientras se le encuentra, invóquenlo mientras está cerca; que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y él tendrá piedad, a nuestro Dios, que es rico en perdón. ´Mis planes no son tus planes, tus caminos no son mis caminos´ -oráculo del Señor-. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los tuyos, mis planes que tus planes” (Is 55,6-0).

Si hacemos de “detectives de Dios”, nos daríamos cuenta ¡qué cerca está Dios de cada uno de nosotros! Pero a su manera, claro está. Esa manera que es la nuestra, porque lo sorprendente y desconcertante es que Dios «nos imita», se hace vida nuestra asumiendo nuestra miseria y debilidad.

Sepamos descubrir a Dios en la rutina de nuestro quehacer diario, en la enorme grandeza de nuestra humanidad.

El tiempo de Adviento nos obliga al descubrimiento de la verdadera condición de la vida humana y de nuestra fortuna maravillosa de tener a Cristo por hermano. Dios hecho hombre por nuestra salvación. El Hijo Santo de Dios, en efecto, se ha hecho hombre a fin de que el hombre pudiese asociarse a la vida misma de Dios. Este reflejo del misterio de la encarnación domina, en su cumbre, la doctrina sobre la naturaleza humana.

Tenemos necesidad de Cristo. Solos, no nos salvamos. El esfuerzo para excluir a Cristo del pensamiento moderno, de los principios inspiradores del saber y de la actividad humana, a pesar de los maravillosos progresos de la civilización contemporánea, tiene como resultado, y frecuentemente incluso a corto plazo, la incertidumbre y posteriormente la confusión, y, por último, el conflicto de la conciencia humana en sí misma, con resultados desoladores sobre la organización de la convivencia de las personas entre sí, es decir, sobre la sociedad.

El nacimiento de Cristo es, por ello, fiesta grande para el mundo, y fiesta cada vez más grande para el mundo que crece y aspira a la plenitud de la Vida. No apaguemos la antorcha central de la Navidad, que es la fe en el Hijo eterno de Dios hecho hombre, sino tengámosla encendida a fin de que la luz, la bondad, la alegría de Cristo se difunda en nuestras almas, en nuestros hogares y en nuestro trabajo.

Ahora te propongo reflexionar en torno a este poema de Christine Kaufmann:

“Dios es menesteroso:
Necesita de la brisa
para acariciar el rostro
de nuestro día.
Necesita del perfume
de la rosa para enjugar
nuestra soledad.
Necesita del pan y el vino
para ser Dios-con-nosotros.”

Finalmente te invito a seguir, en este camino de Adviento, a la Virgen María, portadora de esta antorcha inflamada con la luz de la Esperanza.