(Vigilia Pascual 2024)

Reciba un saludo con especial afecto. ¡Felices Pascuas de Resurrección!

¡La Vigilia Pascual es la noche de la Luz! ¡Es la noche verdaderamente feliz!

¡Es la noche que une el cielo con la tierra, que une lo divino con lo humano!

¡La Vigilia Pascual es la noche que tiene más claridad que el mismo día!

¡Es la noche que nos hace nuevos!

¡Es la noche que nos hace testigos de Alguien que resucitó y vive!

¡Es la noche que nos hace hijos, la noche que nos da el agua que grita dentro de nosotros «ven al Padre»! ¡La Vigilia Pascual es la noche que nos hace hermanos!

La Vigilia Pascual es el momento bautismal por excelencia. En ella el símbolo de la luz se une al del agua y recuerda que todos nosotros los bautizados hemos renacido del agua y del Espíritu Santo, para participar en la Vida nueva, revelada mediante la resurrección de Cristo. «En Él está la Vida, y la Vida es la Luz de los hombres» (cfr. Jn 1,4).

¡Noche verdaderamente dichosa, que nos lleva a todos -hombres y mujeres- a la Luz de Cristo!

¡Noche que resplandece sin límites e ilumina de Esperanza y de Paz todos los confines de la tierra!

La Luz de Cristo es para todos los pueblos, y tú y yo y todos los que participan en la celebración de la Vigilia Pascual del Sábado Santo por la noche, constituimos, en cierto sentido, la respuesta a la misión de la Iglesia.

¡No temamos a la Luz de Cristo! Su Evangelio es Luz que no se apaga, sino que alumbra verdaderamente para desarrollar y realizar con plenitud cuánto hay de verdadero, de bueno y de bello en nuestra sociedad.

El Evangelio de Cristo, como tú sabes, es Luz para el hombre, para la vida, para la paz, para la justicia y la reconciliación y para la libertad de todo hombre y de todo el hombre. Tú siendo luz, eres testigo de esto. ¡Qué bueno que en esta Noche Santa de Resurrección todos sintiéramos más la responsabilidad y el gozo de irradiar como testigos esta Luz!

En esta noche inolvidable de Resurrección, hagamos nuestro el saludo del Señor Resucitado: ¡Paz a ustedes! (Jn 20,19), y alzando la voz del corazón extendámoslo a los cercanos y a los que están más allá, con la certeza de fe, de seguridad, de esperanza y una seguridad de amor. Sí, con sentimientos de fe y de esperanza recibe tú también nuevamente: “la Paz de Cristo Resucitado.