Píldora de Meditación 447

La importancia de la Oración.

En su libro titulado “Camino de la Esperanza”, el Cardenal Vietnamita Nguyen Van Thuan nos dejó este testimonio, que es una verdadera campanada de advertencia:

“Un día hablé con el Padre Provincial de una gran Congregación religiosa sobre la crisis del sacerdocio y las vocaciones religiosas.  Él comentó, también, que el superior había enviado una carta a todos los hermanos que habían dejado el sacerdocio, con el propósito de preguntarles por qué lo habían hecho.  Todos contestaron.  Y en sus respuestas revelaron que no se habían ido de la vida religiosa y del sacerdocio por problemas sentimentales, sino porque no oraban.  Algunos dijeron que habían dejado de rezar hacía muchos años. Afirmaron igualmente que vivían en comunidad, pero no oraban profundamente; mejor dicho, ni rezaban. Trabajaban mucho, enseñaban en colegios y Universidades, organizaban muchas actividades, tenían muchos compromisos sociales, pero no rezaban”.

Así como el cardenal Thuan afirmaba: “La oración es la fundamentación de la vida espiritual”, de la vida cristiana, de la vida religiosa y sacerdotal. La Madre Santa Teresa de Calcuta insistía: “Muchas vocaciones están en crisis y no se realizarán.  Muchas familias sufren dificultades, se pelearán y se pelearán.  Mucha gente pierde el gusto por la vida y el trabajo, están descontentos y vacíos. Y todo esto porque se ha abandonado la oración”. El Papa San Juan Pablo II repetía a los superiores generales: “Todo se renueva en la oración, tanto los individuos como las comunidades.  Con la oración surgen nuevos objetivos e ideales”.

Por otra parte, no es de extrañar que el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) dedique una quinta parte (20%) de sus páginas al tema de la oración, en forma muy extensa y explícita, y tratando todas las formas de oración, inclusive la de la contemplación, que erróneamente ha estado reservada para vocaciones especiales.

Son tan detallados los capítulos que el Catecismo de la Iglesia Católica dedica a la oración, que trae hasta consejos prácticos para la oración y trata también los errores en que pueden caer los orantes.           

El tratamiento que da el CIC a la oración denota la importancia que le asigna el Magisterio de la Iglesia a la misma.

La oración es la llave que abre nuestro corazón y nuestra alma al Espíritu Santo; es decir, a su acción de transformación en nosotros. Al orar, permitimos a Dios actuar en nuestra alma -en nuestro entendimiento y nuestra voluntad- para ir adaptando nuestro ser a su Divina Voluntad (cfr. CIC, n. 2825-1827). La oración nos va descubriendo el misterio de la Voluntad de Dios (cfr. Ef 1, 9).

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