Píldora de Meditación 453

“Cierto día, después de almorzar, la jovencita María Clara al salir de casa a caminar por los alrededores de su vivienda, vio a tres hombres con largas barbas blancas sentados frente a la entrada del jardín. No los reconoció, pero, sin embargo, se dirigió a ellos diciéndoles:

«Creo que no les conozco, pero deben tener hambre. Si lo desean, pueden entrar a la casa y comer algo».

– «¿Están tus papás dentro?, preguntaron.

«¡No! Están trabajando”, respondió María Clara.

– «Entonces no podemos entrar», contestaron en coro los tres ancianos.

Al anochecer, cuando regresaron a casa los papás de la niña, ella les contó lo que le había sucedido.

El papá le dijo a su hija: «Ve e invítalos». La niña salió y los invitó, pero ellos le dijeron: «Nosotros no entramos en una casa los tres a la vez» y se apartaron un poco.

Muy curiosa, les preguntó María Clara: «¿Por qué?»

Uno de los tres le explicó, diciéndole:

– Mira, «ese que está caminando hacia las rosas es el señor Riqueza y aquel que está más allá mirando los peces es el señor Éxito y yo soy el señor Amor”.

María Clara dio media vuelta y entró rápido en casa preguntándole a su papá: papá, ¿a quién de los tres señores quieres que entre en nuestra casa?

¡Qué interesante! Exclamó el papá al escuchar lo que le decía su hija, y sin pensarlo mucho le dijo: Invita al señor Riqueza y que nos llene la casa con sus riquezas.

Como no estaba de acuerdo con la determinación del papá y le había caído bien el señor Éxito, María Clara le propuso a su papá: «¿Por qué no invitamos al señor Éxito? La mamá quien con mucho interés estaba escuchando la conversación, saltó diciendo: «¿No sería mucho mejor invitar al señor Amor y así nuestra casa se llenaría de amor»?

Así, los tres se pusieron de acuerdo e invitaron al señor Amor.

El Amor se levantó y se dirigió hacia la casa. Los otros dos también se acercaron y le siguieron. Sorprendida María Clara preguntó al señor Riqueza y al señor Éxito: «Sólo invité al señor Amor, ¿por qué quieren entrar también ustedes?»

Y los dos respondieron al unísono: «Si usted hubiera invitado al señor Riqueza o al señor Éxito, los otros dos se habrían quedado afuera, pero como invitaste al señor Amor, adonde él va también vamos nosotros.

Ahora bien, donde hay amor hay también riqueza y éxito.  ¿A quién de los tres invitarías? Al amor, por supuesto. La verdad es que si miramos a nuestro alrededor son pocas las personas que invitan al amor a su mesa. Nos da más seguridad la riqueza, el éxito y la fama que el amor.

El amor no es el calor del nido, sino la intemperie de todos los vientos, y las incomodidades de todos los hermanos.

(Autor desconocido)

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