(XXXIII° Dom. Ord. C 2022)

Libro del profeta Malaquías (Mal 4,1-2ª)

“Miren que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir -dice el Señor de los ejércitos-, y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia, que lleva la salud en las alas.”

Salmo Responsorial (Salmo 97)

R/. El señor llega para regir la tierra con justicia.

Toquen la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamen al Rey y Señor.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan,
aplaudan los ríos, aclamen los montes,
al Señor que llega para regir la tierra.

Regirá el orbe con justicia,
y los pueblos con rectitud.

Segunda Carta de san Pablo a los Tesalonicenses (2Tes 3,7-12)

“Hermanos: Ya saben cómo tienen que imitar mi ejemplo: no viví entre ustedes sin trabajar, nadie me dio de balde el pan que comí, sino que trabajé y me cansé día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviera derecho para hacerlo, pero quise darles un ejemplo que imitar. Cuando viví con ustedes les dije: el que no trabaja, que no coma. Porque me he enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada. Pues a ésos les digo y les recomiendo, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.”

Aleluya

Aleluya, aleluya

“Levántense, alcen la cabeza, se acerca su liberación.”

Aleluya.

Evangelio de san Lucas (Lc 21,5-19)

“En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:

– Esto que contemplan, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.

Ellos le preguntaron:

– Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?

Él contestó:

– Cuidado con que nadie les engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre diciendo: “Yo soy” o bien “el momento está cerca”; no vayan tras ellos. Cuando oigan noticias de guerras y de revoluciones, no tengan pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida. Luego les dijo:

– Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre.

Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.

Pero antes de todo eso les echarán mano, les perseguirán, entregándoles a los tribunales y a la cárcel, y les harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendrán ocasión de dar testimonio.

Hagan propósito de no preparar su defensa: porque yo les daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario suyo.

Y hasta sus padres, y parientes, y hermanos, y amigos les traicionarán, y matarán a algunos de ustedes, y todos les odiarán por causa de mi nombre.

Pero ni un cabello de su cabeza perecerá: con su perseverancia salvarán sus almas.”

Reflexión

Este es el trigésimo tercer domingo (o domingo 33) del Año Litúrgico 2022. El próximo domingo es el último de los 34 domingo que comprenden el llamado Tiempo Litúrgico Ordinario, día en que la Iglesia universal celebra la Solemnidad de Cristo Rey del Universo.

Son muchos los textos de los evangelios que son magníficos, atractivos y fáciles de entender, pues, hablan de cosas concretas, que cuentan historias de todos los días: una oveja que se pierde, un hijo que se va de casa, un banquete de bodas, una higuera que no da frutos, un sembrador que sale a sembrar… Pero, las lecturas de la Liturgia de este domingo 33 tienen algo particular: están escritas en un lenguaje llamado “apocalíptico”, difícil de comprender, y se refieren al final de los tiempos.

El profeta Malaquías nos recuerda cómo la prosperidad de los impíos ha sido siempre un escándalo y una tentación para los justos: ¿no conviene ser como ellos? Ante esta tentación, el Señor hace comprender que los justos están escritos en un libro misterioso, esto es bajo la protección de Dios. Mas, en el día del juicio, mientras para los impíos será el castigo eterno, para los justos surgirá el Sol de justicia y se darán cuenta que ellos son los verdaderos vencedores (cfr. Mal 3,19-20ª). De esta manera, Dios nos alienta y anima para mirar con confianza al futuro, que será el triunfo de Dios.

En la Carta a los Tesalonicenses el apóstol Pablo recuerda que el día final, “el día del Señor llegará como un ladrón en la noche”, y anima a todos a fortalecer la esperanza y a dar testimonio cristiano afirmando: “ustedes, hermanos, no viven en tinieblas, todos son hijos de la luz e hijos del día”. Todo esto dice el apóstol, porque la espera del retorno del Señor, que se creía inminente y muy cercana, provocó una actitud de pasividad peligrosa en algunos hermanos de la comunidad de Tesalónica. San Pablo denunció esta actitud y advirtió que la certeza de la salvación final que esperamos, debe dar sentido a todo lo que hagamos. Por esto, tenemos que ser conscientes de que cada Comunidad debe defenderse del mal que le ataca inmisericorde continuamente, sabiendo que el mal peor no es aquel que viene del exterior, sino el que mina y puede destruir la comunidad al interior. Así como en la iglesia de Tesalónica, también puede darse hoy personas que gustan de recargarse en los otros. San Pablo se coloca como ejemplo para que el cristiano no coma gratuitamente el pan, ni viva ociosamente, sino que busque ser útil a los otros con su propio trabajo (1Tes 1,3), de tal manera que cuando llegue el Señor nos encuentre trabajando como siervos útiles para el Reino.

San Lucas deja ver en el discurso escatológico de su evangelio la preocupación por una venida inmediata del Señor.

“Jesús dijo a sus discípulos, observando a algunos que admiraban la belleza del templo: vendrá un día en que no quedará piedra sobre piedra». El templo de Jerusalén había sido reconstruido en el año 19 AC y era el símbolo de la fe y de la presencia de Dios para el pueblo judío. Esta es una invitación a aceptar la brevedad y fragilidad de las cosas humanas, la vida incluida.

En el discurso escatológico, Jesús explica el significado de su intervención mesiánica, que inaugura los últimos tiempos. La plenitud de vida es acortada. La obra del Mesías es colocada bajo el signo del universalismo. Él debe reunir a todos los hombres de los cuatro puntos cardinales del orbe, porque todos son llamados a ser hijos del Padre.

Tu vida, el mundo, todo tiene fecha de caducidad. Nada es eterno. Jesús dice: «Miren de no ser engañados, porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: el tiempo está cerca».

Hoy día, surgen predicadores que parecen tener la bola de cristal y nos anuncian cada día el fin. Hay iglesias electrónicas que nos bombardean con el “tiempo está ya cerca”. Son muchas sectas y fanáticos que solo tienen este mensaje: “el mundo se acaba”. Ante esto, Jesús nos aconseja: «Miren de no ser engañados. No se vayan tras ellos”.

La palabra del Señor es la condena de todos esos visionarios que anuncian lo que no conocen.

El futuro pertenece sólo a Dios. Y su presencia y sus promesas son nuestros compañeros en este presente de nuestras vidas. El primer aviso que Jesús nos hace a todos es: «cuidado con los falsos profetas». Tenemos que vivir nuestra vida día a día, “a cada día le basta su afán», sin preocuparnos por el cuándo.

Jesús no quiere que sus seguidores se zambullan en la fiebre apocalíptica que obsesiona a tantos predicadores. Jesús no quiere que nos arrojemos en los brazos de un charlatán de feria que dice tener la solución a todos los problemas. Jesús no quiere que nos dejemos embaucar por los profetas que nos prometen el paraíso en la tierra.

Sin perder de vista el futuro de Dios, tenemos que enfocar el presente y vivirlo en el servicio y en el compromiso, en la lucha y en la oración. El segundo aviso: «cuando oigan ruido de guerras y revoluciones no se espanten».

El tercer aviso de Jesús es no tener miedo. La naturaleza ruge. Los volcanes vomitan sangre, los huracanes y sunamis destruyen todo lo que encuentran a su paso y matan, los gobiernos en muchos lugares se arman para hacer la guerra… Y muchos de nosotros, aturdidos y mudos, preguntamos: ¿cómo se puede creer en Dios y en su programa de felicidad ante el azote de tanta desgracia?

¡Esto es toda una prueba para la fe!

Abrahán a pesar de todo creyó y a pesar de todo no perdió la esperanza. Dios es el dueño de la historia, pero hay que saber esperar. El futuro es de Dios y nuestro futuro está en las manos providentes de Dios.

El Señor nos invita a amar nuestro hoy con sus pequeñas o grandes catástrofes. El futuro radiante de Dios tiene que iluminar la catástrofe que te aflige hoy.

Nuestra tarea hoy es reconstruir la vida que Dios nos ha dado, mirando lo que tienes, mirando lo que es posible y mirando lo que puedes hacer. Nuestra tarea es reconstruir después de la catástrofe: infidelidad religiosa o matrimonial, divorcio, droga, muerte, trabajo, fracaso… Nuestra tarea es reconstruir el daño que nos ha dejado el baño de sangre de tantas personas a causa del egoísmo, el odio, la envidia, la soberbia, la corrupción, el narcotráfico, la mentira …

Finalmente, el Señor nos hace tres promesas: “yo les daré palabras”, “no perderán un cabello de su cabeza” y “con su aguante ganarán la vida”. Recordemos en todo momento que la fe no nos ahorra el sufrimiento, pero nos da la vida; no nos ahorra el trabajo, pero le da sentido; no nos dice el cuándo, pero nos empuja a caminar. La fe es para hoy. Para mañana sólo el amor.