Píldora de meditación 526

Por medio de Jesucristo, Dios nos ha dado la victoria sobre la muerte. Ser cristiano es ser discípulo, estar unido al Maestro para vencer todos los días la muerte dando frutos de Vida y siendo por tanto testigos de Amor y Verdad, de Esperanza y de Resurrección.

Cristo es Luz del mundo (cfr. Lc 6,39-45). Hemos de imitar su perfección, su Bondad y su Misericordia, para poder llegar a la vida eterna.

En los domingos anteriores se ha venido reflexionando sobre: la finalidad para la que fuimos creados es la salvación, la felicidad. Esta se logra mediante el programa de las bienaventuranzas. En el sub fondo de ellas se encuentra el distintivo cristiano: el amor a los enemigos, el mismo Amor de Cristo, que es infinito, sin límites

Nosotros somos discípulos de Cristo. ¿Qué significa ser discípulo?

El Señor nos llama y congrega para alimentar nuestras vidas con su palabra… dejemos que su palabra penetre nuestro corazón e ilumine nuestra mente.

Ser discípulo: es vivir la Pascua todos los días: Jesús ha vencido la muerte y da la vida eterna. El discípulo vive la realidad del bautismo (muerte y resurrección). Vence todos los días la muerte muriendo al pecado (idolatría del poder, de la riqueza de los honores, de la injusticia y del egoísmo, la incredulidad y la desesperanza). La vida del discípulo es un camino continuo, una peregrinación llena de lucha y esperanza.

La vida del discípulo tiene una doble dimensión: interior y exterior de la persona (su manera de pensar y de sentir, su pensamiento y su voluntad, su razón y su libertad); su dimensión exterior (sus actuaciones, su compromiso, su lenguaje, sus obras), lo que es lo mismo que testimonio y compromiso.

La vida del discípulo se manifiesta en sus frutos y éstos manifiestan la abundancia del corazón: «de la abundancia del corazón hablan los labios».

El discípulo es buena noticia para todos.

Fray Luis Francisco Sastoque, o.p.