Píldora de Meditación 449

El Dr. Mark era un médico oncólogo famoso.

Un día viajó en avión a participar en una importante Conferencia, en otra ciudad, donde iba a recibir el máximo premio en medicina. Una hora después del despegue, por una grave falla en uno de los motores del avión, el piloto tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia en un aeropuerto cercano.

Como era urgente e importante su presencia en la Conferencia, el médico decidió alquilar un automóvil y se dirigió de inmediato al lugar de la renombrada reunión. Apenas saliendo de la ciudad, comenzó a llover y el clima fue empeorando y se formó una terrible y peligrosa tormenta. Debido a esta situación la Internet desapareció del navegador y, sin notar nada, giró el automóvil en la dirección equivocada y se perdió.

Habían pasado más de dos horas conduciendo, cuando se dio cuenta de que había desaparecido. El médico Dr. Mark se sentía hambriento, terriblemente cansado y muy preocupado, así que decidió buscar un lugar para quedarse esa tarde. Finalmente, se encontró con una pequeña cabaña. Desesperado, salió de inmediato del coche y llamó a la puerta.

Una mujer humilde abrió la puerta, y en silencio se quedó mirando al extraño que acababa de golpear a la puerta de su vivienda.

El Dr. Mark le explicó algo de lo sucedido y le pidió que le permitiera usar el teléfono, porque no tenía cómo comunicarse.

La mujer le dijo:

– yo no tengo teléfono, pero si lo desea puede entrar y esperar a que pase la tormenta.

Hambriento, mojado y cansado, el médico aceptó su oferta y entró en la modesta cabaña. Ya dentro, la pobre mujer le ofreció una taza de café y le dijo al desconocido huésped que permaneciera tranquilo ahí, mientras ella iba a orar. El Dr. Mark sonrió y le dijo que él sólo creía en el trabajo duro.

Sentado a la mesa, tomando un sorbo de café, el médico observó con interés a la mujer que oraba junto a la cama bajo la tenue luz de unas velas. El médico se dio cuenta de que la mujer necesitaba ayuda, así que cuando terminó de orar, se acercó y le preguntó:

– ¿Qué es exactamente lo que tú quieres de Dios? ¿Acaso crees que Dios alguna vez escuchará tus oraciones?

La humilde mujer sonrió tristemente y le dijo:

– El bebé que está en la cuna es mi hijo. Tiene un tipo raro de cáncer, y solo hay un médico, su nombre es Mark, que puede curarlo, pero y yo no tengo el dinero suficiente, y el Dr. Mark vive en otra ciudad. Dios todavía no ha respondido a mi oración, pero sé que me ayudará… y nada quebrantará mi fe.

Aturdido y sin palabras, el Dr. Mark simplemente se inclinó y se echó a llorar, susurrando: ¡Dios es maravilloso!…

En esos momentos recordó todo lo que le había sucedido en ese día: el aterrizaje forzoso del avión que casi se convierte en una catástrofe, la tormenta miedosa que le hizo perder el rumbo en la carretera, el encontrar esta cabaña y poder defenderse del torrencial aguacero… Todo esto sucedió porque Dios no solo respondió a la oración plena de fe de la pobre mujer que me ha participado su cobijo y me ha ofrecido café, sino que también me dio la oportunidad de salir del mundo material en que vivía, dándome la oportunidad de ayudar a los pobres que no tienen más que oración.

La oración tiene poder, y Dios nunca abandona al necesitado.

¡Dios siempre está ahí!

Amén.

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